Denuncian a una persona sin hogar, con los albergues llenos y sin lugar donde ir

Persona sin hogar. eurodiaconia.org

El pasado 1 de abril la policía denunció a P. Mayi, un hombre de 58 años sin hogar, por saltarse el confinamiento, pese a no tener ningún lugar donde estar confinado, según ha informado el diario Público.

Mayi ha explicado al citado medio que lleva treinta días sin ducharse, ya que solía acudir a la Casa de los Baños de Embajadores y estos han cerrado, por lo que no tiene donde ir. Duerme en un parque de Ronda de Segovia.

El Samur Social le ha otorgado un documento que reconoce que el hombre se encuentra en una situación de emergencia social, pero no hay huecos en los albergues.

“No hay plazas suficientes para todas las personas que carecen de alojamiento”, ha explicado Azucena Pérez, portavoz del Samur Social y del Sindicato comisiones de base (COBAS).

“La intención fue buena, pero realmente no hay sitio para acoger a todas las personas. En los albergues no sobra ni una cama. Viven hacinados y no hay condiciones de salubridad“, explica por su parte una empleada del Centro de Acogida de Emergencia para personas sin hogar de Vallecas.

“La Policía les está denunciando. Lo hemos comunicado a los mandos del Ayuntamiento para que transmitan a las direcciones que no hay plazas. La red ya estaba saturada antes de la emergencia. Se han creado unas 300 plazas así que es imposible que todos tengan un sitio porque hay muchas más personas”, añade Pérez.

A pesar del papel proporcionado por el Samur Social, una suerte de justificante, no hay un protocolo de actuación claro para los agentes. Algunos recomiendan acudir a Ifema, pero, como asegura Pérez, allí ya hay aglomeraciones y no todos tienen forma de ir.

Mayi se ha mostrado pesimista ante su situación: “Esto es lo nunca visto. Qué te voy a contar… ya no veo a mis amigos, a los vecinos. Antes veía a gente que te aprecia por lo que eres, no por lo que tienes. Ahora ya no les veo porque no hay nadie por el coronavirus… Voy a por comida todos los días a la iglesia, pero lo que necesito desesperadamente es ducharme”, recalca.

El panorama tampoco es bueno para los trabajadores sociales. “Nosotros ya estábamos saturados. Somos un servicio que no tiene trabajadores suficientes. Esta situación ha llevado al colapso y a unos daños psicoemocionales en las plantillas brutales. No nos hacen pruebas. No tenemos el material de protección necesario para intervenir a posibles casos y estamos teniendo contacto directo con personas muy vulnerables. Las aperturas como la del Ifema quedan muy bien, pero luego no se dan más plazas. Al final los perjudicados son siempre los mismos”.

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