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Juan Carlos I encargó en Zarzuela «crear una estructura» para poder esconder el dinero saudí en Suiza

Juan Carlos I encargó en su despacho del Palacio de la Zarzuela a Arturo Fasana, gestor de fortunas, y a Dante Canónica, abogado suizo, que crearan «una estructura» en Suiza para poder guardar allí una «importante donación» que iba a recibir de parte del rey de Arabia Saudí.

Así lo adelanta en exclusiva El Español, quien tuvo acceso a una declaración que Dante Canónica presentó ante el fiscal de Ginebra Yves Bertossa, donde el abogado confiesa esto. Bertossa sospecha que el rey emérito «ocultó cerca de 100 millones de dólares en Suiza» con la asistencia del abogado, de Fasana y de la banca Mirabaud, según el acta.

Canónica también habló de las idas y venidas de Fasana a Washington y a Basilea tras Juan Carlos I facilitarle «las coordenadas» del entonces embajador saudí en Estados Unidos, Adel Al-Jubeir, que iba a hacer de intermediario en la transferencia de los 100 millones de dólares.

Al abogado preguntarle de cuánto dinero se trataba, el rey emérito le dijo que «no lo sabía». «Preguntó si existía la posibilidad de crear una estructura para recibir esta donación. Le respondí que era importante que supiéramos la cantidad y que también era importante crear una estructura totalmente transparente, es decir, que Juan Carlos I apareciera como beneficiario efectivo», cuenta Canónica.

El abogado y Fasana cuentan que también le dijeron a Juan Carlos I que era «esencial» que les garantizara que el pago de este dinero no se trataba del pago de una comisión o retrocomisión, ya que es algo completamente ilegal. Ahora, el fiscal suizo sospecha que los 100 millones de dólares pudieron ser una retrocomisión pagada por el consorcio de las empresas españolas adjudicadas para el tren AVE entre Media y La Meca.

Fasana y Canónica aseguran que el rey emérito les «repitió varias veces que sólo era una donación del rey saudí». «Juan Carlos I nos dio entonces las coordenadas del embajador de Arabia Saudita en Washington. Nos dijo que podíamos contactarle para saber el monto de la donación».

Cuando el gestor se reunió con Al-Jubeir en la legación saudí, «confirmó que era de hecho un pure gift (‘regalo puro’) que ascendería a varias decenas de millones». «Habló de una horquilla entre 20 y 100 millones», cuenta. Así, Fasana y Canónica crearon la fundación Lucum, y pasaron a abrir una cuenta en el banco Mirabaud aprovechando sus «excelentes contactos» con los del banco.

Fasana se reunió con Al-Jubeir en Basilea, en la terminal del Jet Aviation, para proporcionarle los detalles del IBAN de la cuenta que habían abierto. Tras un par de días, llegaron los fondos. «Fue entonces cuando descubrimos la cantidad exacta de la donación. Llamamos a Juan Carlos I, que se quedó atónito al saber la cantidad que se había pagado. Pronunció una frase como ‘¡Oh Dios mío! Han sido muy generosos», cuenta Canónica.

Meses después, Mirabund pidió «poner término» a la relación con Juan Carlos I porque la abultada cuenta presentaba un «riesgo reputacional» para el banco. A su vez, Juan Carlos I ya se encontraba preocupado por este dinero: la UE y Suiza estaban planeando un intercambio automático de información que convertía esta cuenta en Ginebra en «una bomba de relojería».

Fue ahí cuando el rey emérito decidió «darle todo a Corina», cuenta el abogado. «Quería deshacerse de ese dinero porque tenía miedo de que se supiera», agrega.

 

Escrito por L. Acosta

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