Juan Carlos I ganó millones con la venta de armas a países árabes

Juan Carlos I en 2008. Casa Real

Este domingo, el diario ‘Público’ ha desvelado que Juan Carlos I amasó su fortuna mediante el tráfico de armas en países árabes junto a su entonces administrador privado, Manuel Prado y Colón de Carvajal.

Según el citado medio, los hechos se remontan a 1977, cuando el emérito nombró a su amigo Colón de Carvajal senador por designación real, “así como administrador solidario al 50% –como pantalla de su propia participación– de todos sus negocios, empezando por el más rentable que hay: la venta de armas”.

En ese momento, en una visita a Riad, capital de Arabia Saudí, Juan Carlo I comenzó las negociaciones para fundar la empresa que canalizaría “el comercio entre los dos países”: Alkantara Iberian Exports.

El príncipe Fahd, hombre fuerte del régimen del rey Jaled, sucesor de Faisal, nombró delegado saudí de la compañía al traficante de armas Adnan Khashoggi, mientras que Juan Carlos I designó a Manuel Prado como presidente de la empresa. Además, la compañía estaría financiada con fondos públicos en la mitad española: “El Instituto Nacional de Industria (INI) pondrá un 25% y Focoex (Fomento del Comercio Exterior, que forma parte del Banco Exterior de España, pero opera desde Panamá) el otro 25%”.

La elección de los cargos de Alkantara la finalizarían Borja Prado Eulata, hijo del socio y testaferro del monarca, que trabajó para Focoex de 1980 a 1988; y Francisco Jiménez Torres, quien terminaría asesorando como abogado a Khashoggi en operaciones comerciales internacionales.

Todo esto se llevó a cabo con un secretismo absoluto, debido a que la operaciones internacionales de ventas de armas que “eran consideradas materias clasificadas”. Al tratarse de “asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos el conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado”, con lo que estaban amparadas por el artículo 2 de la ley 9/1968, de 5 de abril sobre secretos oficiales. “Una ley que todavía hoy sigue vigente e impide obtener los documentos de esos contratos gestionados por Alkantara”, sostiene el citado medio.

El 13 de agosto de 1982 Prado y Khashoggi registraron la empresa en el paraíso fiscal de Chipre, siempre según ‘Público’, lo que deja constancia la voluntad de ambos de “hacer negocios opacos de tráfico de armas a través de Alkantara”.

En 1985, con Felipe González como presidente, el Gobierno redactó su primer informe oficial sobre las empresas más relevantes de venta de armas españolas, situando a Alkantara al frente de la lista, pese a reconocer que ni la misma Moncloa “controla el destino final de las exportaciones de material bélico español” ni las comisiones de esta.

Cuatro años después, en 1989, el INI decidió disolver Alkantara tras el escándalo de la imputación de Khashoggi en el caso Irán-Contra por la venta de armas a Irán para financiar a los mercenarios que combatían el Gobierno de Nicaragua (1985-1986). No sin antes pasarle la empresa al traficante de armas Abderramán El Assir, a quien metió en el círculo de poder de Marbella.

El negocio de la venta de armas de la compañía duró dos años más, hasta que fue finalmente disuelta el 14 de noviembre de 1990.

Hasta ese momento, la compañía amasó cantidades millonarias en comisiones. Las operaciones realizadas en Marruecos fueron las más jugosas, por un importe total de 570 millones de dólares.

Esa operación es la mayor venta de armamento del Gobierno español a Marruecos de la época y las comisiones que se llevaron los implicados ascendían a unos 12.500 millones de pesetas. Sin embargo, “los comisionistas que trabajaban con Alkantara hacían tráfico de armas con todos los países que podían, aprovechando todas las guerras y conflictos de aquellos años”.

Para el año 1984, Alkantara Iberian Exports Ltd ya se había convertido en la mayor exportadora de armas de nuestro país, siendo su mejor cliente Egipto, que adquiere buques de guerra y vehículos militares a empresas españolas. Sin embargo, un año después, en 1985, Egipto suspende pagos en plena crisis financiera internacional y nunca devuelve esos créditos a España”.

Esto no afectó al rey y sus socios, ya que “las empresas fabricantes españolas cobran la totalidad del facturado y los socios de Alkantara se embolsan sus comisiones millonarias íntegras, a cuenta de estos préstamos del Estado”.

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