Una investigación revela las vejaciones postmortem del franquismo a las mujeres

Exhumación de una fosa común. Flickr

La arqueóloga y antropóloga forense de la Universidad de Ámsterdam Laura Muñoz-Encinar ha puesto de relieve con su tesis ‘Descubriendo la represión de género: un análisis de la violencia sufrida por las mujeres durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco en el suroeste de España’, la forma en que la dictadura franquista vejó, violó, torturó y asesinó a miles de mujeres incluso después de fallecidas.

La investigadora ha hecho un análisis basado en historias de mujeres víctimas de humillaciones físicas y psicológicas, así como en fosas comunes con cadáveres de mujeres.

Una gran cantidad de testimonios orales y archivos históricos prueban las acciones represivas de los franquistas asociadas al género, con descalificaciones y amenazas para imponer una superioridad masculina. Estas represiones se cimentaron en la percepción de las mujeres como ciudadanas de segunda clase e inferiores a los hombres.

La experta afirma que los ideólogos franquistas “consideraban a las mujeres seres inferiores y volubles, que hacían uso de las revoluciones sociales para dar rienda suelta a sus latentes apetitos sexuales, convencidos de su crueldad, perversidad innata y criminalidad natural”.

Para los adeptos al régimen, las políticas de igualdad planteadas durante la Segunda República suponían “la creciente corrupción de la mujer, castigadas por actuar de forma impropia a su género hasta el punto de que roja adquirió el significado de no-mujer“.

Los castigos podían ser físicos, mediante la ejecución, tortura y violación, y psicológico, rapándoles el cabello y exponiéndolas desnudas tras haber ingerido aceite de ricino para “expulsar al comunismo de sus cuerpos”.

A veces, las vejaciones no terminaban con la muerte. Varias mujeres fueron enterradas desnudas entre dos varones, con un fuerte componente simbólico. Por otro lado, en áreas de retaguardia una gran cantidad de mujeres eran “paseadas y enterradas en fosas en cunetas o sacadas de las cárceles en la que habían permanecido sin ninguna garantía procesal”.

“En las fosas hemos encontrado un patrón distinto sobre cómo acaban los hombres y las mujeres dentro de un mismo depósito. Generalmente, las mujeres fueron las últimas en ser introducidas dentro de las fosas y se solían depositar en la misma área”, sostiene Muñoz-Encinar.

Una vez finalizada la guerra, hubo mujeres que creyeron las palabras de Franco y regrsaron a sus pueblos, donde acabaron siendo detenidas, como la profesora Matilde Morillo. Torturada, violada y asesinada. “Su cuerpo permanece aún desaparecido. Al amanecer los perpetradores regresaron con el abrigo de Matilde en la punta del fusil a modo de bandera, como si de un trofeo se tratase

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